La Última Cerveza

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La noche se va. Quedan pocos minutos para que cierren el antro en el que siguen poniendo las mismas canciones que la semana pasada, que el mes anterior, que el siglo anterior, y no sabes qué hacer para paliar tu tedio. Sin pensártelo dos veces te acercas a la barra y pides, la última cerveza claro, que ya no queda pasta en la cartera para más. Te la sirven, la tocas, está caliente, y entonces te exhortan muy amablemente que pagues. Sacas las pocas monedas que te quedan y las pones sobre la barra, si te falta algo ya te encargas de mendigar a algún amigo.

Al día siguiente te despiertas y haces recuento de daños. Lo primero que miras es el móvil, en el que ves algún mensaje y alguna que otra llamada que no te gustaría que aparecieran ahí. Lo segundo, la cartera. No hay más que polvo y un pase medio roto de un bar al que no quisiste entrar. Ahí es dónde te preguntas qué narices te llevó a pedir esa asquerosa cerveza.

Y es que aunque queramos huir de ello, esa cerveza siempre nos acompaña. Le atribuimos un poder mágico y nos autoengañamos creyendo que un zumo de cebada caro e innecesario puede hacernos salir del tedio en el que estábamos inmersos. Con lo fácil y sano que es irse a casa en esas situaciones.

No, esa cerveza no aporta nada positivo. No nos va a ayudar a ser mejores personas, no va a hacer que nos lo pasemos mejor, ni siquiera va a conseguir que alcancemos ese puntito de euforia en el que todo parece más atractivo. Lo único que va a conseguir es que nos gastemos unos euros que podríamos emplear en algo más productivo, como bien te das cuenta al día siguiente.

Ahora bien, no es justo cebarnos con esa dichosa última cerveza. Para que haya última tienen que haber existido algunas más antes. Pura lógica. La última tan solo simboliza en sí misma el sentimiento de culpa que te agarrota por haber derrochado tu dinero en algo que no es saludable ni para tu cuerpo ni para tu mente.

Pero no te culpes, todos sabemos que la semana que viene, en el antro en el que siguen poniendo las mismas canciones de la semana pasada, del mes anterior, del siglo anterior, volverás a acercarte a la barra a por esa última cerveza a la que culparás de tus males al despertar. Y puede que, a lo mejor, un día de estos, encontremos la razón de por qué la volviste a pedir. O no.

Fuente: Eduardo Mongil

Imagen destacada por Nacho desde Flickr

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