Por Qué Nos Resfriamos Más en Invierno

Por qué nos resfriamos más en invierno

Es habitual. Las temperaturas bajan, las horas de luz se reducen y los pañuelos de papel empiezan a hacerse indispensables cada vez que tenemos que salir a la calle. En cuanto llega el frío sin motivo aparente nos resfriamos. Da igual que cambiemos hábitos alimenticios, que nos pongamos doscientas capas antes de salir a la calle o que mantengamos nuestra higiene a la perfección, es casi imposible acabar un invierno sin habernos constipado a pesar de tomar todas las precauciones necesarias para evitarlo.

En principio no hay una razón científica que determine por qué somos más vulnerables a los virus que originan el resfriado cuando las temperaturas son más bajas. Lo único que existen son varias teorías que pueden explicar en parte este fenómeno, pero ninguna está plenamente contrastada.

La primera de ellas hace referencia a la disminución de la propia temperatura corporal, que debilita el organismo a la hora de combatir los agentes patógenos. En primer lugar, cuando luchamos contra el frío, para poder mantener la temperatura habitual, nuestro cuerpo gasta defensas que podrían ser útiles a la hora de protegernos contra los virus. El otro motivo está relacionado con el sistema inmune nasal. A bajas temperaturas, los cilios, que es una especie de vello encargado de evitar la acumulación de suciedad en las vías respiratorias, funcionan peor, por tanto es posible que los virus penetren con mayor facilidad en el organismo.

Además de esto, en invierno hay menos horas de luz de solar, un hecho también relacionado con los virus. El sol, y en concreto, los rayos ultravioleta, destruyen los virus, por lo que, a menos luz solar, más opciones de estos pequeños organismos sobrevivan y proliferen en el entorno.

Otra teoría bastante aceptada es que durante el invierno tendemos a las aglomeraciones en lugares cerrados y poco ventilados, lo que beneficia que los virus se acumulen en el ambiente, y por tanto, sea más fácil enfermar.

Sin embargo, lo más probable es que todo se deba a aspectos psicológicos. Cuando sentimos frío tenemos la sensación de ser más vulnerables, y cuando algo se siente como verdadero es más plausible que pueda convertirse en realidad. Los efectos psicosomáticos tienen una incidencia crucial en lo que se refiere a la salud humana, haciendo aparecer dolencias que nada tienen que ver con agentes externos. Por tanto, si te sientes vulnerable con el frío, es posible que seas vulnerable al frío. Ya se sabe, el poder de la mente.

Artículo por Álvaro Cid

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Es habitual. Las temperaturas bajan, las horas de luz se reducen y los pañuelos de papel empiezan a hacerse indispensables cada vez que tenemos que salir a la calle. En cuanto llega el frío sin motivo aparente nos resfriamos.
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