El Último Día Antes de Las Vacaciones

Ya ha llegado, por fin, lo estás tocando con los dedos. Por fin vas a poder tachar del calendario el día que llevabas esperando durante meses y meses. Después de un duro año de trabajo, de estudio, de aguantar a jefes, de soportar la tensión de los exámenes, las vacaciones llaman a la puerta de tu libertad, y la vas a abrir con la fuerza de todos los proyectos que quieres llevar a cabo ahora que vas a disfrutar de tiempo para ti.

Esa sensación de plenitud, de motivación, de que hasta las cosas más banales y de las que normalmente pasas por alto hoy tienen un color especial solo la tienes hoy. El rutinario camino que has hecho día tras día, noche tras noche, hoy te parece hasta disfrutable, los mismos portales por los que pasas delante parecen distintos, los autobuses urbanos te resultan atractivos para los ojos, o ese choque con ese extraño que va mirando la pantalla de tu móvil se convierte en una anécdota de lo más divertida que luego podrás contar entre carcajadas a tus amigos.

No hay quizá día mejor en todo el año que el que precede a las vacaciones. Ni siquiera uno es tan feliz durante las propias y anheladas vacaciones. Las expectativas casi siempre suelen ser mejores que la realidad, y el poder de la imaginación es casi siempre ilimitado. ¿Quién no se ha imaginado nadando en mares cristalinos, en fiestas exclusivas de nunca acabar, o teniendo un amor de verano inolvidable? Y es que los idílicos anuncios Estrella Damm han hecho mucho daño. Realmente casi nunca pasa esto, salvo para unos pocos privilegiados.

Pero da igual, el día antes de las vacaciones es una jornada para soñar, para volar, para elevarse por encima de lo mundano, da igual que lo luego no se cumpla nada de lo que esperas. Porque lejos de lo que está fuera de nuestro control, muchas veces nuestros propósitos tampoco los cumplimos. Es habitual hacer promesas como empezar a salir a correr, a mejorar los hábitos alimenticios y comer más sano y a ver todas las películas que ahora no te da tiempo. Al final acabas tirado en una hamaca de la piscina de cualquier amigo, te pasas las vacaciones comiendo hamburguesas y pizzas y las pocas películas que ves son las típicas que ya ha visto veinte veces. Sin embargo, nada de esto importa, ni siquiera la sensación de volver a la rutina con el sabor amargo de no haber aprovechado al máximo tu tiempo libre te va a poder quitar la felicidad que experimentaste el día antes de las vacaciones. Solo por alcanzar esa plenitud merecen la pena todos los esfuerzos diarios.

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Fuente: Eduardo Mongil

Imagen destacada desde Pixabay

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